Crucero agosto 2008, capítulo 3: Las Islas Feroe e Islandia

Fue uno de estos días cuando nos dejaron en el camarote una nota que decía: “Señores pasajeros, dado que el gobierno noruego ha rebajado las tasas de puerto para los barcos que atracan, estas escalas nos han salido más baratas de lo previsto y les serán descontados de su cuenta 20$ por pasajero al final del crucero”. Es evidente que 20$ no sacan a nadie de pobre, pero a mí me pareció un bonito detalle por parte de la naviera, que podía perfectamente haberse metido a la saca esos 20$ x 2100 pasajeros= 4200$.

Torshavn, capital de las Feroe nos recibió con un manto de niebla, lo que, inevitablemente también nubló nuestros ánimos. “Pues sí que vamos a ver mucho aquí” era el pensamiento que nos invadía. Entramos en una cafetería a preguntar donde quedaba la calle de la oficina de Avis para recoger el coche y lo primero que nos llamó la atención es que era un sitio verdaderamente “fashion” en un lugar tan recóndito del mundo. “Si, es que les gusta el diseño a los nórdicos”, pensé yo. En la cafetería tuvieron la amabilidad de llamar a la oficina de alquiler, que se ofrecieron a venir a recogernos pues decían que estaba muy lejos. A la gente que vive en una ciudad pequeña, 20 minutos andando les parece una eternidad, pero para unos madrileños es muy poca cosa. En los meses previos al crucero había estado documentándome para saber que se podía hacer en las Feroe, pero no había encontrado mucha cosa interesante. Finalmente me decidí por ir a los acantilados de Vestmanna. Es una excursión en barco de un par de horas en la cual te enseñan unos bonitos acantilados donde puedes ver nidos de aves acuáticas. La excursión estuvo muy bien, pero lo curioso del camino es que al pasar por un túnel, el día gris y plomizo de Torshavn se convirtió en otro radiante y espléndido. Parece que aquí se da un fenómeno parecido al de la isla de La Palma, donde siempre hay una parte soleada y otra nublada.

Mientras que en las Feroe me costó encontrar algo que hacer, Islandia tiene mucha tela que cortar. A distancia para ir y venir en un día desde Reykjavik había fundamentalmente 2 cosas: El Lago Azul, un lago de aguas termales donde te puedes bañar todo el año, y la otra opción era ir a ver géiseres y cascadas. Nos decidimos por esta última. Estuvimos en el pueblo “Geysir” y el espectáculo nos dejó boquiabiertos: pequeños cráteres en los que hierve el agua y esos cráteres grandes donde la tierra escupe agua. Llegamos a ver una erupción tan grande que nos llegó a mojar, aunque afortunadamente, el agua en contacto con el aire se había enfriado un poco y no nos llegó a quemar. Todo el lugar apestaba a azufre, dejando claro que lo que calentaba el agua era lava. Os lo creáis o no, luego nos contaron en el barco que unas semanas antes un turista español había sufrido importantes quemaduras en las piernas al meterse en uno de estos cráteres. mirad las fotos y veréis como no daís crédito a donde puede llegar la estupidez humana. ¿Que se creía que era? ¿Un jacuzzi? Por cierto que aquí nos metimos a cotillear en la tienda de souvenirs y descubrimos que lo de “vender aire” no es una frase hecha:

Lata de aire islandés

Pues unos 7€ que valía la latita al cambio. Desde luego los hay con jeta :| Luego fuimos a la enorme cascada de Gulfoss, todo un espectáculo de la naturaleza. Aquella tarde, al volver al barco, me di cuenta de que tenía un pequeño flemón en esa muela que me llevaba molestando unos días, lo cual significaba que si no hacía nada, en un par de días tendría la cara como un balón. No me quedó más remedio que ir al médico y pude comprobar como se las gastan en las enfermerías de los barcos de crucero: Drenaje de flemón y compra de  antibióticos al módico precio de 200$. Afortunadamente, uno de los miles de seguros que tenemos en las tarjetas de crédito con las que pagamos los viajes y a los que no hacemos ni caso, me cubría este supuesto. Les envié toda la documentación, pero aún no me han ingresado la pasta. Mantendremos los dedos cruzados, porque como todos sabemos, el negocio de las aseguradoras está en no pagar… ;-)

Fué el médico el que nos preguntó: “¿Sois españoles? Pues están diciendo ahora en la CNN que se ha estrellado un avión en Madrid”. Volvimos corriendo al camarote y estuvimos viendo la tele un rato. El accidente del vuelo de Spanair era el super-notición del día en la CNN. Con mal cuerpo, pero al menos convencidos de que ninguno de nuestros amigos y familiares estaba en ese avión nos dispusimos a ir al Spa.

Oficialmente, teníamos por delante 3 días de navegación hasta llegar, pero mientras nos cambiábamos, llegó la sorpresa: El capitán nos informó por megafonía: “Señores pasajeros, hace ya más de una hora que zarpamos de Reykjavik y ya nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino: ‘Prince Christian Sound’, un pasaje en la costa sur de Groelandia por el que navegaremos varias horas pasado mañana”. ¿Groelandia? ¿Vamos a conocer Groelandia? Que caña, ¿no? ¿Cuanta gente conoces que haya estado en Groelandia?

Eso será en el próximo capítulo. Por ahora, aquí tenéis un enlace a las fotillos:

crucero_agosto_2008_feroe_islandiacrucero_agosto_2008_feroe_islandia17 picturesAgo 15, 2008

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